Hoy, cuando leo un libro físico y quiero subrayar algo relevante, siento una fricción que antes no existía. No puedo hacer clic, no puedo etiquetar, no puedo conectar ese subrayado con otro nodo de mi red de conocimiento. La lectura analógica, lejos de sentirse liberadora, empieza a sentirse incompleta. Y cuando escribo a lápiz, hay una voz en algún lugar de mi cabeza que recuerda que esa escritura tendrá que ser transcrita, digitalizada, que es trabajo doble.
Leer libros físicos parece haber dejado de tener tanta utilidad en este tipo de trabajos. Para cuentos, novelas o poemas está perfecto, pero claramente para investigación es mucho más útil leer en digital, porque se puede ir leyendo, subrayando y anotando todo en el mismo soporte.