El resultado no es la unidad, sino la dispersión. Babel revela así el límite de toda construcción que, por grandiosa que sea, surge de la absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios.
Viéndolo desde esta perspectiva esta metáfora nos vale para entender una ruptura con el bucle cibernético cerrado pero positivo. Un sistema teleológicamente eficiente pero con puro bucle positivo que reafirme su existencia. Lo que Dios hace en realidad es recordar que la contingencia ha de ser tomada en cuenta, y que lejos de pensarnos desde la unidad (átomo) es en la diversidad donde reside lo realmente humano. Aquí un poco de Spinoza podría ser de rica referencia.