Villar volvió a Córdoba el 22 de octubre de 1972, también para reprimir huelgas y movilizaciones. Frente a la delegación de la Policía Federal, sus secuaces detuvieron a un ciudadano cordobés al que subieron por la fuerza a un carro de asalto, donde le dieron uno de los habituales tratamientos "antiguerrilleros". El hombre, ni bien se repuso, hizo la denuncia ante la policía provincial. Villar y su patota, con escopetas y ametralladoras en mano, tomaron la comisaría cuarta, donde se había hecho la acusación. En su afán por llevarse el expediente con la denuncia, Villar le pegó unas bofetadas al comisario cordobés, mientras sus hombres rompían todo a su paso. Los policías cordobeses se nuclearon y buscaron revancha, rodeando a los federales en el Parque Sarmiento. Debió intervenir el Tercer Cuerpo de Ejército para apaciguar los ánimos. Ante tamaño escándalo, el general Jorge Cáceres Monié, jefe de la Policía Federal, dispuso el pase a disponibilidad de Villar y de algunos de sus hombres. La sanción se prolongó unos meses, hasta el 29 de marzo de 1972, cuando el policía fue reivindicado en un acto público por el propio Cáceres Monié‚ y por el presidente de facto general Alejandro Agustín Lanusse. Retornó a la acción en agosto de 1972, ascendido al grado de comisario mayor, cuando se puso al frente de las tanquetas Shortland que derribaron la puerta de la sede del Partido Justicialista para secuestrar los féretros con los cadáveres de los presos políticos fusilados en Trelew.
Increible