Precisamente esa idea grandilocuente de qué son un programador y un problema valiosos es lo que deja desatendidas las soluciones que no suenan ambiciosas.
Preferimos terraformar marte, que el depredado Amazonas.
En contraste el software situado nos ha permitido resolver problemas para comunidades pequeñas en HackBo, nuestro hackerspace local o ayudando en la preservación lingüística en el Amazonas.
En los ejemplos, todos los problemas a resolver parecen grandilocuentos: miles de millones de personas, la información del mundo, los astronáutas. Pareciera ser que el vecino, la familia, la comunidad local, están por fuera de esos imaginarios. Al menos pensar que los problemas importantes tan bien son cotidianos y pequeños es algo que vale la pena comunicar más asertiva y reiteradamente.
Una de las cosas interesantes es que Breck cuenta en otra entrada como el software debería ahorrar tiempo a las personas, y allí revela una sensibilidad por los problemas pequeños, que le importaban a su familia y a él como niño/adolescente: tener 20 minutos más para poder jugar o ahorrarle esos 20 minutos a su familia a conectarse a internet.
Lo que creo que necesitamos es una manera de expresar software para el cuidado: de la gente, del planeta, del tiempo. Algo como un software convivial, en las líneas de las tecnologías conviviales de Ivan Illich.